
Estados Unidos: guerra y posguerra, la caza de brujas
HOLLYWOOD: GUERRA Y POSTGUERRA
Los estadounidenses contemplaban la II Guerra Mundial con el distanciamiento y la tranquilidad que proporcionaba ser un país neutral. No obstante, esa situación cambió con el ataque a Pearl Harbor, este acontecimiento sumerge al país en la contienda. La entrada en la guerra cambió el panorama industrial, tecnológico y social. La mayoría de los grandes estudios y directores se mantuvieron imparciales porque la realización de algunas películas generó mayores conflictos. Una excepción es Chaplin, que produce y dirige sátiras contra el dictador alemán como se puede ver en “El gran dictador”, 1940. Estudios como Fox, MGM o Warner se vieron políticamente señalados por haber producido películas no aptas para su distribución.
Pero meses antes del ataque japonés aparece “Ciudadano Kane”, 1940, de Orson Welles. Esta sorprendente e imaginativa película supone un cambio en la forma de narrar y en la estética de la cinematografía, que, pese a no ser bien valorada en el momento de su estreno, años más tarde pasaría a ser la obra más valorada de todos los tiempos. El film señala el cambio de rumbo que debe tomar el cine de Hollywood a través de un personaje autoritario, egoísta, cruel y megalómano. Otra obra de Welles es “El extraño”, 1946, vinculada ya a los flecos que derivan de la contienda.
Pero tras el ataque japonés, los Estudios americanos entran también en guerra. Comienza a funcionar la propaganda en dos líneas de creación: las películas de ficción y los documentales. En el ámbito de la ficción, junto con las películas propiamente bélicas, se empezaron a rodar melodramas, comedias o aventuras en las que se derrotaban a los nazis o a los japoneses. Se trataba de una crítica del nacionalsocialismo o del imperio nipón, destaca “Casablanca, 1942”, de Curtiz .Una de las películas más escandalosas de este periodo fue “Un marido rico, 1942”, de Preston Sturges, que se considera antipática por tratar las aventuras de una mujer en busca de un marido millonario.
Respecto al cine bélico, este se basa en las campañas o en las posibles batallas que se realizarían. Trata temas de exaltación patriótica y de homenaje a héroes nacionales. También llegan a rodar filmes de apoyo a la URSS.
Pero tras Pearl Harbor, el cine americano tiene que someterse a unos requisitos impuestos por el estado y sus películas respetar unos temas, que exigían la revisión del material filmado. También en las películas tenía que quedar claro el porqué de la ayuda especial a ciertos países como Gran Bretaña. Aquí destaca “La señora Miniver, 1942”, de William Wyler, melodrama al cual la academia le concedió seis Oscar.
“El sargento York, 1941”, de Howard Hawks, es un claro ejemplo de calidad y propaganda alentó a la sociedad americana de la necesidad de defender unos valores e ideales y por lo tanto, de tomar las armas.
Los acontecimientos van marcando los temas que se abordan en las películas, la mirada se centra en el frente de batalla, sobre los soldados, mostrando el pánico y el terror, así como la reflexión del porqué de la guerra. Así surgen películas como “Guadalcanal Diary, 1943” de Lewis Seiler o “Destino Tokio, 1944” de Delmer Daves. Pero la que más resalta en este aspecto es “También somos seres humanos, 1945” de William A. Wellman.
El cine documental se confirma como la fórmula idónea para ofrecer otro tipo de mensajes dejando a una lado la idea defendida anteriormente, aunque los grandes directores no filmaban documentales y tampoco se interesaban en ellos, pero tras una oferta del Secretario de Defensa ante la necesidad de crear películas de información sobre la contienda anima y prepara a otros directores para que filmaran documentales de guerra. Esta serie de documentales reciben el nombre de “¿Por qué luchamos?, 1943-1945”. Los grandes directores serán Capra y Anatole Litvak.
En paralelo con toda la actividad productiva realizada durante los años de conflicto, pocos países han tenido una relación tan compleja con la censura y la propaganda como los Estados Unidos. Pero su constitución prohibía la censura y defendía la libertad de expresión por lo que se produjo un impulso democrático.
Tras la guerra la sociedad vivía inmersa en un profundo cambio que no solo afectaron al modelo de convivencia y de estructuración familiar que se adopta, también a los cambios políticos y que reestablecen, de nuevo, al enemigo a combatir: el comunismo.
El “código Hays” supuso una autocensura débil y fácil de evitar en algunos casos pero férrea y deleznable en otros. Muchos directores sufrieron sus consecuencias pero también el código fue beneficioso para la industria y para las grandes majors que podían distribuir sus obras con total libertad por todo Estados Unidos. Relacionado con este código esta la llamada “Caza de brujas”, el miedo al comunismo soviético se apoderó de gran parte de la sociedad americana. Desde la Casa Blanca se fomentó el apoyo económico, militar, institucional y cultural. Se rodaron así obras de apoyo como “Misión en Moscú, 1943” de Michael Curtiz. Tras la victoria, estas películas horrorizaron al sector más conservador de la política y la cultura y muchos directores y productores que trabajaban en Hollywood eran comunistas. Era el caso de Chaplin, lo que tendrá que huir al igual que Brech. Todo esto fue alentado por el Partido Comunista y el Comité de Actividades Antiamericanas. Surgieron listas negras en el seno de la industria, este proceso de depuración, censura y persecución removió definitivamente los pilares de la industria del cine.
La “Caza de brujas” no concluye en el 1950, sino que en este momento se endurecerá.
LA CONTINUIDAD DEL CINE ESTADOUNIDENSE DE GENERO:
A lo largo de los años 40, directores, guionistas, actores y el resto de profesionales se vieron involucrados en una política de producción compleja, intensa y diversificada impuesta por los Estudios y los productores que en estos años desarrollaban su trabajo. Se establecen buenos vínculos entre directores y guionistas, entre directores y actores. Se imponen criterios de eficacia y de rendimiento en unos años de complicada subsistencia. Los géneros, sin duda, son un patrón creativo.
El gran ciclo nacido durante la II Guerra Mundial surge dentro del cine policiaco y será conocido como cine negro. Una nueva forma de hacer cine con un estilo visual muy determinado. Las películas que dieron sentido a este modelo narrativo, de manera directa, se rodaron en los años 40 y principios de los 50. Se trata de un género causado por el drama de la guerra. El protagonista es un detective, un abogado, un vendedor de seguros o un policía retirado que se encuentra apartado de la sociedad, ha sido maltratado por una mujer cruel y por sus contemporáneos y cuando empieza la trama se descubre que otra mujer fatal entra en la trama y pretende enredarlo de nuevo. El crimen y el delito puede ser el eje central del argumento pero las motivaciones últimas de los personajes son otras: enriqueceré, liberarse de las deudas, encontrar un objeto valioso, vengar una muerte…Las obras precursoras de este género pueden ser “El halcón maltés, 1941” de John Huston, y “La sombra de una duda, 1943”, de Hitchcock.
Hitchcock introduce un nuevo elemento perturbador basado en el suspense. Quiere mantener su libertad creativa y lo consigue lentamente. Profundiza en sus propias innovaciones con “Rebeca, 1940”, “Sospecha, 1941”. Más adelante se sumergirá en el universo freudiano con “Recuerda, 1945” y también “La soga, 1948”.
Otros directores europeos ruedan películas de este género como Billy Wilder con “Perdición, 1944”, Fritz Lang con “La mujer del cuadro, 1944, Otto Preminguer con “Laura, 1944”.
Pero es tras la victoria norteamericana cuando el género ofrece las piezas más maravillosas como “El sueño eterno, 1946” de Howard Hawks, donde Humphrey Bogart ofrece uno de sus mejores papeles. Otras obras como “Gilda, 1946” de Charles Vidor también tienen una gran importancia en el género.
Los éxitos seguirán hasta 1950 con Orson Welles y la “Dama de Shanghai, 1946” o “La jungla de asfalto, 1950” de John Huston.
La figura de Jules Dassin fue relevante ya que antes de exiliarse a Europa aportó películas como “La ciudad desnuda, 1948” y “Noche en la ciudad, 1950”
Respecto a los personajes se hacen cada vez más astutos, los héroes están en muchas ocasiones corrompidos y perdidos y las mujeres son en cada historia mas peligrosas. Surgen los triángulos amorosos, los crímenes suelen resultar beneficiosos y los delincuentes y asesinos con inteligentes, valientes y seguros de sí mismos. Otro elemento es el arrepentimiento y el sentimiento de culpa.
Muchos filmes de género tuvieron problemas con los códigos de producción de los EEUU y a algunas películas se les impusieron finales y escenas ridículas. Una de las características del cine negro que cabe destacar es la iluminación con “luz negra”.
Por otra parte la producción de western mantuvo siempre una enorme producción de títulos menores y todos los años aparecían películas de serie B. El cine del Oeste era el mas adecuado para acompañar a la producción estrella. Tuvo un público fiel, numeroso y constante al cabo de los años al que le interesaba más la acción que las apuestas creativas. Fue el caso de John Ford con “La diligencia”.
Los personajes de este cine eran totalmente reconocibles por todos: el pistolero, el cowboy, el sheriff, el indio… y temas como: el honor, la conquista, venganza…Ambientes desérticos, montañas rocosas, grandes ríos… Que reflejaban la lucha entre la cultura india y los bandidos blancos.
Entrando en la comedia destacan los hermanos Marx que ofrecen “Los hermanos Marx en el Oeste, 1940) de Edward Buzzell.
El cine de persecución tendrá en algunas obras de Bud Abbott y Lou Costelo los mejores ejemplos, en “Pajaros de cuenta, 1941” de Arthur Lubin y “Dos caraduras con suerte, 1942” de Erle C. Kenton. En este tipo de cine va a estar la década pues los espectadores necesitan más una sonrisa permanente para olvidar todo lo que está sucediendo a su alrededor. La screwball comedy se caracterizaba por la picaresca dulce y provocadora, los agudos diálogos, la inteligencia y las zalamerías. Este abandono llega de mano de Frank Capra cuando rueda “¡Qué bello es vivir!, 1946”.
El cine musical cobra gran importancia aunque ya lo había hecho desde la II GM. Estrellas como Esther Williams va a ser protagonista estos años en MGM con “Escuela de sirenas, 1944”, de George Sidney. Paramount apuesta por “Fantasía de estrellas, 1942” de George Marshall, 20 Century-Fox con “Aquella noche en Rio, 1941” de mano de Carmen Miranda.
También en esta época fueron abundantes las películas de biografías de músicos, muchas de ellas producidas por Warner.
Pero pocos generos están tan identificados con las productoras y las estrellas como el musical. Se fomentaron estudios en exclusividad, la búsqueda de nuevos talentos, la creación de equipos, cuerpos de baile, músicos… Se abarató el coste de producción y permitió que todas las productoras realizaran películas musicales con facilidad.
En cambio, un género olvidado fue el melodrama pero tuvo su resurgir gracias a el éxito de ¡Qué bello es vivir!, de Capra.
CORREN NUEVOS AIRES EN EL CINE EATADOUNIDENSE:
La denominada política de géneros –western, comedia, policiaco, musical, etc.- preside la producción y con gran éxito de público. Las grandes productoras como la MGM, la Warner Brothers y pasando por alguna más discreta como Universal, han logrado organizar un mercado en el que guionistas, productores, directores y actores se integran de una forma totalmente empresarial.
Este cine se trata de una filmografía de narración clara, comprensible y que responde a un código de valores: la familia, la capacidad de sacrificio, la derrota del malvado, el héroe de corte militar, que conecta con unos valores latentes en el sustrato mayoritario de la sociedad estadounidense. Con la presidencia de Eisenhower, el vencedor de la guerra se empezó a detectar vientos de cambio, aunque los géneros clásicos se mantuvieron durante las décadas siguientes, una nueva corriente creativa va surgiendo lentamente y generando películas en las que resulta difícil definir a que género pertenecen.
La producción de cine sobre la guerra comenzó a ser analizada desde perspectivas que tenían que ver con la dimensión industrial y creativa. Esta doble postura partía de la reflexión ética que hacían algunos escritores y críticos cinematográficos. Un ejemplo de este nuevo estilo es Stanley Kubrick con “Senderos de gloria, 1957”.
Por otra parte también destaca Fred Zinnemann que dirigió una de las mejores películas de tema bélico “De aquí a la eternidad, 1953” con Frank Sinatra en el papel del soldado Maggio. Era una demostración de utilización de la historia contemporánea de los propios EEUU, pero alejándose de mitología heroica, pero no rehuir conflictos y pasiones en un ambiente militar que muchas veces y en muchos sitios solo admitía el punto de vista positivo.
Con la Guerra de Corea EEUU y la URSS se volvieron a reunir, el conflicto fue usado por la industria americana para realizar algunos acercamientos como “Casco de acero, 1951” de Samuel Fuller.
El cine negro, el cine de gánsteres, el cine policiaco o el thriller ya tenían consistencia para que la identificación de escenarios y personajes fuera reconocido por el espectador de los cincuenta y sesenta. El crimen organizado, la corrupción judicial y los vínculos que se establecen entre la policía y algunos grupos se convierten en el referente temático de esta producción. Destacan películas como “Al Capone, 1959” de Richard Wilson. Lang aportará también películas notables como “Mientras Nueva York duerme, 1956”. Nicholas Ray se convierte en un referente para el género con “En un lugar solitario, 1950”.
Cabe mencionar a Orson Welles, aunque trabaja de manera aislada y con un carácter independiente, muy atrayente y haciendo verdadero arte con películas como “Mister Arkadin, 1955”, un recuerdo a su Ciudadado Kane.
La violencia forma parte de la sociedad y se confirma con un numeroso repertorio de películas en cualquiera de los géneros establecidos. Desde “La ventana indiscreta, 1953” de Hitchcock o “Vértigo, 1958”, también del mismo director.
Con la evolución del género se deben contemplar películas de Billy Wilder como, “El crepúsculo de los dioses, 1950” y “El gran carnaval, 1951”. También cabe destacar la figura de Elia Kazan, una de las personalidades más duras de Hollywood, descubridor y promotor de figuras como Marlon Brando y “Un tranvía llamado deseo, 1951”.
En este ambiente también se encuentra la producción de cine de ciencia ficción y fantástico, plasmando el miedo a lo desconocido y la presencia de extraños seres, como por ejemplo en “La guerra de los mundos, 1953”, de Byron Haskin.
Del fruto del uso de las energías nucleares aparece una nueva sociedad, un nuevo individuo que surge de la acelerada evolución de los acontecimientos y se plasma en “El planeta de los simios, 1968” de Franklin J. Schaffner.
Muy cerca de este cine se encuentra el cine de terror más allá de los monstruos y personajes extraños, es decir, impera el miedo con base psicológica con “Psicosis, 1960” o “Los pájaros, 1963”, el miedo a la oscuridad con “Sola en la oscuridad, 1967”.
El western también desarrolló caminos ya conocidos y también introdujo otros nuevos de análisis de la realidad y con el protagonismo de las tribus indias y la dimensión más personal y psicológica del pistolero. Es el género por excelencia del país estadounidense y ya se narra tanto en blanco y negro como en color. Películas como “Solo ante el peligro, 1952” de Fred Zinnemann o “El pistolero, 1950” de Henry King abordan estos conceptos.
En resumen, se encuentran muchos modelos de western los que se encuentran en esta década, pero el maestro del género fue John Ford con la película que se ha convertido en un ejemplo “Centauros en el desierto, 1956”.
En la veintena de años que van desde los cincuenta a finales de los sesenta, se realizaron algunas de las películas más épicas de la historia, así como grandes estrellas de la época se dieron a conocer como es el caso de Grace Kelly y películas como “Un americano en París, 1951” de Vincente Minnelli, “Cantando bajo la lluvia, 1952” de Stanley Donen y Gene Kelly.
El cine musical tradicional también se mantiene, obras como “West Side Story, 1960” de Robert Wise y Jerome Kerr. Otro de los musicales de los sesenta es “Sonrisas y Lágrimas, 1965” de Robert Wise. En este tipo de cine musical hay que incorporar películas que se sostienen sobre el éxito de cantantes y grupos que están consiguiendo una gran repercusión en la época con figuras como Elvis Presley con “Love me Tender, 1965” de Robert D. Webb o “Jailhouse Rock, 1959” de Richard Thorpe. Se asiste también a un cambio en el fondo musical de las películas, lo que tiene que ver con la venta masiva de discos y la irrupción de nuevos músicos.
La comedia mostraba su elegancia y capacidad de divertir, con el afán de una sociedad que siento consciente de sus contrastes creía encontrarse, como consecuencia de la victoria militar, en un momento álgido de su historia. Vincente Minnelli es uno de los directores que apuesta por la comedia con “El padre de la novia, 1950”.
Aquí irrumpe la figura de Marilyn, pura sensualidad que está reflejada en cada uno de sus trabajos como “Con faldas y a lo loco, 1959” o “La tentación vive arriba, 1955”.
La aparición de la televisión fue decisiva en la modificación de gustos, utilización del lenguaje y repercusión social, impone unos argumentos distintos, las historias se hacen más cotidianas y el público pierde el ritual de asistir a salas de cine.
Los nuevos sistemas ayudan a que se produzcan películas ambientadas en otras épocas como “Quo Vadis?, 1951”, “Cleopatra, 1963” y la que más éxitos alcanzó, “Ben-Hur, 1959”.
John Huston con “Moulin Rouge, 1952” mezcla aventura con literatura, testimonio, amistad…y la frustración. Por otra banda, Chaplin cierra su carrera en este periodo con “Candilejas, 1952”.
La sociedad estadounidense seguía cambiando al igual que sus hábitos y costumbres, es cuando Nicholas Ray rueda su famosa película “Rebelde sin causa, 1955”, se plasmaba la problemática de la sociedad y sobre todo, de la juventud.
Con la llegada de Kennedy cobran importancia las películas sobre temas raciales como “Matar a un ruiseñor, 1960”. Pero también, el mundo de los Kennedy sentó las bases de un oscuro y largo conflicto en el cine, además de las nuevas guerras como la de Vietnam. Este conflicto fue escenario para actrices como Jane Fonda. También se producen películas como “Espartaco, 1960” de Stanley Kubrick.
Cabe destacar que EEUU nunca fue insensible a las corrientes que le llegaban de Europa y muchas de las corrientes nacidas en Europa han sido en EEUU donde han triunfado.
A principios de los 70, nace una nueva generación de cineastas formados en en universidades, con una gran atracción por los clásicos como Orson Welles y la política de géneros. Lograron crear sus propias e importantes productoras para así controlar la producción. Su concepto es muy similar al tradicional en Hollywood. En este grupo de cineastas se encuentran: George Lucas, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Martin Scorsese, entre otros.
Se cierran así veinte años de cine americano que vio transformarse a una sociedad, desde el recuerdo de una guerra que cambió el mundo a una realidad que resultaba más o menos cómoda.
EL CINE AMERICANO VA AL FRENTE:
La Segunda Guerra Mundial provocó que la economía de paz se transformase en una economía de guerra. Los estudios de Hollywood dan un giro a su cine de acción y violencia, transformando a sus sórdidos gángsters en heroicos soldados que se baten gallardamente en las islas del Pacífico, defendiendo a su patria y a la bandera estrellada que la representa.
Antes de que el chispazo bélico se prendiese, George Orson Welles había conseguido a los veintitrés años provocar un pánico a escala nacional con su emisión radiofónica de La guerra de los mundos (1938), de H. G. Wells, radiada a través de los micrófonos de la CBS. La RKO le ofreció un contrato sin precedentes en la industria cinematográfica, como director, actor, guionista y productor, estipulando una retribución del 25% de los beneficios brutos de cada film que hiciese y cobrando un anticipo de 150.000 dólares al firmar el acuerdo.
Sin experiencia cinematográfica previa arribó Welles en 1939 a un Hollywood hostil. Sin embargo, hasta 1940 no pudo empezar a rodar su primera película, Ciudadano Kane, que le prestigiaría como uno de los mayores creadores de toda la historia del cine. Esta obra maestra era un excelente análisis histórico y psicológico de la formación de un poderoso plutócrata en una sociedad supercapitalista. Pero, al mismo tiempo, un excelente testimonio sobre la evolución histórica del periodismo en EEUU y sobre el problema del monopolio de la prensa. Y, en última instancia, era una constatación de la imposibilidad de conocimiento absoluto acerca de la personalidad real e íntima de otro semejante, idea resumida en el rótulo «Prohibido el paso» que abre y cierra la película. Expuesto en un lenguaje brillantísimo, original y barroco, con una potencia expresiva que aprovechaba la lección expresionista que Welles había aprendido por vía teatral y su dominio del universo sonoro adquirido en su etapa radiofónica.
En Welles hay una explotación de otros recursos hasta entonces utilizados con timidez, como el procedimiento del flash-back, el montaje corto, el encadenado sonoro o los movimientos de grúa. Su estilo brillante, nervioso y efectista fue, en suma, una síntesis magistral de dos aportaciones técnicas en apariencia antagónicas: el montaje-choque de Eisenstein y el plano-secuencia con profundidad de campo de Renoir y de Wyler.
Al tour de force genial de Ciudadano Kane, que fue un fracaso comercial, hizo suceder Orson Welles su adaptación de la novela de Booth Tarkington El cuarto mandamiento (1942), que es como Ciudadano Kane, un retrato de la verdadera América, un documento sobre la decadencia de las grandes familias sudistas a través de varias décadas.
Como consecuencia de su cine independiente, a Welles no le quedará más remedio que abandonar Hollywood, como hizo Stroheim y como hará Chaplin más tarde, iniciando su exilio tras el rodaje en América, en menos de cuatro semanas, de un Macbeth (1948) expresionista, que inauguró su ciclo shakesperiano, proseguido con un barroco y potente Otelo (1951), rodado en Marruecos e Italia, y con Campanadas a medianoche (1966), realizada en España.
Frank Capra, con el grado de coronel, trabaja para el War Department y supervisa la importante serie documental Why We Fight (1942-1945), en la que colaboran Joris Ivens y Anatole Litvak (convertido en teniente coronel). John Ford es movilizado y con el grado de comandante pasa a dirigir la producción cinematográfica de la U. S. Navy, mientras el mayor William Wyler se encarga de las fuerzas aéreas. Los «tres grandes» de Hollywood se han convertido en soldados de la retaguardia y a través de sus documentales explican al país las razones de la lucha y los métodos estratégicos que conducirán a la victoria final.
Toda la potencia de Hollywod se pone al servicio de la lucha, glorificando a sus soldados y hasta intentando tranquilizar a los pacifistas y objetores de conciencia, como hace ese experto en el cine de violencia que es Howard Hawks en El sargento York (1941), basado en la biografía de Alvin C. York, héroe de la Primera Guerra Mundial. Entre los títulos más aceptables de este capítulo bélico, teñido casi siempre por una facilona patriotería, se recordarán Destino Tokio (1943) de Delmer Daves, Air Force (1943) de Howard Hawks, Guadalcanal (1943) de Lewis Seiler, Objetivo Birmania (1945) de Raoul Walsh y Treinta segundos sobre Tokio (1945) de Mervyn Le Roy. Cuando la guerra tocaba a su fin y ya no era necesario exaltar y dar un ropaje heroico a la ferocidad combativa, William Wellman procedió a humanizar el género con una nueva dimensión sentimental en También somos seres humanos (1945), camino rentable que prosiguió con Fuego en la nieve (1950).
En la guerra, el espionaje y la Resistencia servirán de pretextos para películas de intriga y de aventuras, como es el caso de Casablanca (1943) de Michael Curtiz, de Cinco tumbas a El Cairo (1943) de Billy Wilder o de Sangre sobre el sol (1945) de Frank Lloyd. El propio Hitchcock, instalado en 1940 en Hollywood, saca provecho de la situación política para realizar sus films de intriga Enviado especial (1940), Sabotaje (1942), Náufragos (1944) y Encadenados (1946).
Cualquier pretexto es bueno para que Hitchcock componga sus angustiosos suspenses, disfrazados siempre con ropajes ambiciosos, con la apariencia de un conflicto psicológico, una crisis de conciencia o un problema moral. El astuto Hitchcock comienza a aprovechar las enseñanzas técnicas de Orson Welles en La sombra de una duda (1943) —que ha considerado su mejor película— sobre un atractivo y en apariencia bondadoso criminal (Joseph Cotten), emparentado con los «héroes demoníacos» de Graham Greene, especializado en el asesinato de viudas y que acaba siendo desenmascarado por su sobrina (Teresa Wright). Con Recuerda… (1945), sobre la redención de un trauma de infancia y de un complejo de culpabilidad, Hitchcock descubre el rentable filón del psicoanálisis.
Pero los años de guerra son también años de meditación y la presión de la activa e influyente minoría católica sobre Hollywood cristaliza en films como ¡Qué verde era mi valle! (1941) de John Ford, visión sensiblera y paternalista de los problemas de los mineros del País de Gales hacia 1890, La canción de Bernadette (1943) de Henry King, Las llaves del Reino (1944) de J. M. Stahl y adaptando una popular novela de A. J. Cronin, Siguiendo mi camino (1944) y Las campanas de Santa María (1945), ambas de Leo McCarey.
Apenas nada más puede señalarse en el Hollywood de la era bélica, que cierra el período de esplendor de sus grandes realizadores (Wyler, Ford, Capra), de quienes tomarán el relevo hombres de una nueva generación: Preston Sturges, que parecía destinado a heredar el puesto de Capra, John Huston, George Stevens, Edward Dmytryk, Delmes Daves. También la desenfrenada comicidad de los hermanos Marx comienza a extinguirse por estos años, sin que las bufonadas de Bob Hope ni las de la pareja Bud Abbott-Lou Costello consigan llenar su hueco. Quedan los extranjeros, como Ernst Lubitsch y Fritz Lang, que aportan a la causa antinazi Ser o no ser (1942) el primero y Hangmen Also Die (1943), con guión de Bertolt Brecht, el segundo. Entre los recién llegados hay un nutrido contingente de refugiados franceses, que han puesto pies en polvorosa ante la invasión alemana: René Clair, Jean Renoir, Julien Duvivier, Jean Gabin, Michèle Morgan.
René Clair pasó del hibridismo francobritánico al francoamericano con Me casé con una bruja (1942), que demostró la persistencia de los temas mágicos y sobrenaturales en su comicidad y lanzó a la estrella Veronica Lake. En Sucedió mañana (1943) expuso la disparatada aventura de un periodista que tenía la prodigiosa facultad de poder leer el diario del día siguiente, hasta que descubre, horrorizado, la noticia de su propia muerte. Afortunadamente, se trataba de un «gazapo» periodístico.
Tampoco la obra americana de Jean Renoir brilló a gran altura, aunque The Southerner (1945), sobre la miseria de los trabajadores agrícolas del Sur de la Unión, fue juzgada demasiado avanzada y prohibida su exhibición en varios estados sureños. Sus Memorias de una doncella (1946), resistirá mal la comparación con la versión que Luis Buñuel realizará en 1963.
Julien Duvivier no saldrá mucho mejor parado de este exilio artístico americano, enfrentado con nuevos métodos de producción y sometido a la tiranía de los grandes productores que, deslumbrados por el éxito comercial que obtuvo su romántico film de episodios Carnet de baile (1937), fuerzan al director a copiarse a sí mismo con los recuerdos de una mujer en Lydia (1941), o los episodios a que da lugar la azarosa historia de un frac en Seis destinos (1942) y que concluye sus días como espantapájaros en el campo de un granjero negro.
El balance de estos años de depresión histórica, de la guerra más devastadora que ha conocido la humanidad, es también negativo para el arte del cine. No hay que olvidar que el arte es un espejo de la sociedad en que nace. Y el horizonte de estos años no puede ser más triste y desolador. Tan sólo se salva del mediocre panorama general el genio excepcional de Orson Welles, revelado en las vísperas del ataque nipón a Pearl Harbour, pero amordazado después de 1942 por la metalizada capital del cine, que no alcanza a imaginar los días borrascosos que se avecinan con el final de las hostilidades.
ESTADOS UNIDOS: THE NEW DEAL AL MACCATHYSMO
Desde los orígenes, el cine se consideraba como escuela de corrupción. Carecía de libertad de expresión desde la dictaminación de la sentencia de 1915 donde se redacta que el cine debía estar sujeto a las normas como cualquier otro ocio. Debido a esta censura, muchos productores buscaban la expansión del cine y se creó en 1922 la Motion Picture Producers and Distrutors of America (MPPDA) donde participaron 23 empresas. Dirigido por el antiguo director de correos Harryson Hays quien ensanchó la mejora del rendimiento de la MPPDA consiguiendo la anterioridad al código de censura, mejorar la distribución de películas, la expansión internacional y la estabilidad laboral en los estudios. En 1927 promulga el Código de Producción conocido en el argot como "No lo hagas y sé cuidadoso" a más tarde como "Código Hays" con un gran prestigio por la comunidad con el fin de evitar la censura política.
Con la creación de la censura de guiones para las películas gangster en 1930, aparecen la protesta de entidades religiosas, quienes piden una regulación federal. El Comité se renueva y se convierte en Administración del Código de Producción (PCA) que carece de valor legal. Aparecen así las películas aptas para todos los públicos y adaptaciones literarias destinadas a convencer a la clase media norteamericana de la respetabilidad burguesa del cine. Se empiezan a exhibir películas sin sello de la MPAA como la ganadora del Oscar a la mejor cinta extranjera "Ladrón de bicicletas".
En 1927 se sanciona la práctica de abuso por posición dominante. En 1938 se acusa a las ocho Majors, 24 filiales y 133 directivos por infringir la ley Sherman. La segunda guerra mundial supuso la expansión de la industria a Latinoamérica, contando con personajes latinoamericanos como Carmen Miranda, Desi Arnaz y César Romero.
Con la extensión del sonoro impide la existencia de productoras independientes afectando al Código Hays y al monopolio, se empiezan a frecuentar semanalmente las salas de cine. Con el cine sonoro, el cine americano de los treinta oupa un lugar central dentro de los medios de masas y propicia un inglés estandarizado en todo el país.
El cine del New Deal se dirige a la clase media y refuerza el americanismo, que propicia el individualismo, el pragmatismo y la propia iniciativa. La Warner es la que más representa este movimiento gracias a los discursos de Roosevelt puestos en películas. Este cine se caracteriza por su dinamismo visual, el final feliz, el fomento del voyeurismo y la educación en la cultura cívica.
Se crea en 1942 la Office of War (OWI) que recluta a profesionales del documental, produce películas de propaganda y amplía el Código Hays. Busca la divulgación de los ideales democráticos que legitima a los aliados y el rearme moral de la población civil para soportar los sinsabores de la guerra.
Holywood respondió a la guerra con el patriotismo esperado con directores de documentales como John Ford, William Wyler, John Huston y Frank Capra. De Capra destaca la serie bélica "Why we fight (1942-1945), Prelude to War (1942) y The Negro Soldier in the II World War (1944).
Se conoce como "caza de brujas" o "maccarthysmo" debido a que el senador Joseph MacCarthy capitaneó una de las comisiones más inquisitoriales. Debido a la victoria de Truman en las elecciones de 1944 se da un giro derechista. Por otro lado, el ambiente comunista contaba con unos trescientos guionistas. Esto hizo que se juntasen los sectores más reaccionarios en una asociación de defensa de los ideales americanos (MPAPAI) presidida por Sam Wood, quien fue cabecilla de una importante huelga realizada en 1945. Debido a esto se promulga en 1946 la Ley Taft-Harley que obliga a un juramento anticomunista y en 1947 se crea la comisión Parnell Thomas, el primer Comité de Actividades Antiamericanas que abre la veda de la caza de brujas anticomunista en Hollywood. Cita a declarar a 19 "inamistosos" los cuales se acogieron a la quinta enmienda y a otros "amistosos" como Walt Disney, Louis B.Mayer o Jack Warner. Los productores adoptan el acuerdo de vetar indefinidamente a los "Diez de Hollywood" con un año de cárcel y diez mil dólares. En 1946 existen 214 personas en el exilio. Otros tuvieron que trabajar por muy bajo precio y utilizando pseudónimo como es el caso de Dalton Trumbo, que ganó el Oscar por el guión de "El Bravo" en 1957 bajo el alias de Robert Rich. Otros, en cambio, se fueron a Europa como Charles Chaplin, Orson Welles, John Huston o Fritz Lang. Se abrieron delaciones de los Comités de Actividades Antiamericanas, donde traicionaron sus valores directores como Edward Dmytryk, Elia Kazan "La Ley del Silencio (1954)" o Robert Rossen para continuar sus carreras.
Analizaremos esta etapa a través de tres grandes obras significativas:
-Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath, John Ford, 1940)
Ambientada en los años treinta Tom Joad sale de la cárcel y se encuentra con el desahucio de su casa en Oklahoma por la escasez de lluvia. Encuentra un anuncio en el que buscan braceros para recoger fruta en California y el y su familia deciden irse. Debido a numerosos problemas Joad tiene que alejarse de su familia.
En esta película vemos plasmado el mejor estilo fordiano, esa sescillez narrativa. Se trata de una escritura cinematográfica limpia. Cuenta con el gran actor Henry Fonda y en la fotografía encargada por Gregg Toland, quien alcanzaría las cumbre con el dominio de la luz con "Ciudadano Kane".
Este drama que expone la novela de Steinbeck y que John Ford llevó a la luz, está caracterizada por muchos matices, como el vínculo de la tierra con la familia o la humildad de la madre que protege a toda la familia y como no quiere que se disuelva ante nada del mundo.
- Los mejores años de nuestra vida (The Best Years of our Life, William Wyler, 1946)
Cuenta el conflicto de tres veteranos de guerra; Fred, Homer y Al, quienes regresan a sus casas después de la contienda.
Este relato se centra en los problemas de la reinserción de los combatientes tras la guerra. El tratamiento que hace Wyler de la historia tiene un difícil equilibrio en el que rehúye la dramatización excesiva, para lo cual intercala algunos toques de humor.
Estos soldados van a lidiar una guerra fuera del campo de batalla, ya sea por los prejucios hacia la discapacidad de Homer, el matrimonio fallido de Fred o la ncomodidad de Al por no encontrar nada que le sacie.
Esta película se diferencia de las demás películas bélicas debido a que es, sin contener ninguna secuencia sobre la misma guerra, esa experiencia aparece como telón de fondo permanente que determina la vida de las personas.
- La ley del silencio (On the Waterfront, Elia Kazan, 1954)
El fracasado boxeador profesional Terry Malloy se ve envuelto, de la mano de su hermano, en los negocios turbios de un sindicalista. Eso lo lleva a convertirse en cómplice del asesinato de un obrero opositor al sindicato, de cuya hermana Edie se enamora luego. Este amor y la nueva influencia de un sacerdote hacen vacilar sus convicciones, llevando a Terry a buscar el valor de delatar ante la policía los manejos criminales que el sindicalista lleva a cabo en el puerto. Esta situación, será desencadenante de una ola de increíble violencia.
Obra conocida por el papel protagonista de Marlon Brando con la que el director de origen turco quiso justificar sus delaciones de quince miembros del partido comunista ante el Comité de Actividades Antiamericanas para librarse de las acusaciones de haber estado afiliado a ese partido.
La realización de Kazan es eficaz, con una gran variedad de escenarios, contando con Leonard Bernstein en lo musical. El guión se basa en una serie de veinticuatros artículos sobre la corrupción sindical, escritos por Malcolm Johnson en el New York Sun, que causaron un auténtico escándalo.
LA ANIMACIÓN SE HACE LARGA: WALT DISNEY
Walt Disney (1901-1966) es considerado el padre de la animación infantil. Famoso en todo el mundo por fundar en 1923 el imperio Walt Disney Company, de sus estudios han salido personajes tan entrañables como Mickey Mouse, el pato Donald, Bambi, Dumbo, Peter Pan, Pinocho o La Sienita. Walter Elias Disney nació en Chicago en 1901 pero fue en Kansas City donde comenzó su carrera artística animando anuncios para la prensa gráfica. En 1922, con tan solo veinte años, crea su propia empresa de animación, Laught-O-Gram Films, pero la falta de financiación le hace echar el cierre y trasladarse a Hollywood, la cuna del cine, donde ésta vez sí tendrá éxito.
Después de perder los derechos de su primer personaje, ‘Oswald, el conejo afortunado’ (1927), Disney buscó junto a su amigo y dibujante Ub Iweks, el personaje que lo sustituiría y que cambiaría por completo el mundo de la animación. Era diciembre de 1928 y el cortometraje ‘Steamboat Willie’ (1928) suponía el estreno cinematográfico de Mickey Mouse (1928). Allí nació una estrella que a partir de entonces se convertiría en uno de los personajes más populares del siglo XX. Este ratón nacido en plena depresión norteamericana es actualmente, no sólo el máximo emblema de la compañía Disney, también es hoy uno de los motores en los que se sustenta la economía estadounidense. No importa el país, el idioma o la edad que tenga cada individuo para reconocer los tres redondeles o círculos negros sobre un papel, la silueta de Mickey es inconfundible para cualquiera.
Tras el ratón Mickey vendrían otros como el ‘Pato Donald’ (1934), ‘Goofy’ (1932) o ‘Pluto’ (1942), personajes icónicos que conformaban el reparto principal de sus primeros filmes. Estas apariciones eran habituales en la serie de animación Silly Symphonies (1929-1939), que dio algunos de los cortos animados más importantes de la historia del cine como ‘´Árboles y flores’ (1932), el primer dibujo animado en color y la primera animación oscarizada. El éxito de estos cortometrajes cristalizaría con la realización de la primera película animada, ‘Blancanieves y los 7 enanitos’ (1937). Considerada por muchos como una obra maestra, la película marca una nueva etapa en el terreno de la animación por las innovaciones técnicas y artísticas desarrolladas para esta película.
A partir de ahí comienza la etapa de esplendor del estudio, en los 40’s y 50’s, en la que realiza clásicos como ‘Pinocho’ (1940), ‘Fantasía’ (1940), ‘Dumbo’ (1941), ‘Bambi’ (1942), ‘La Cenicienta’ (1950) o ‘La Dama y el vagabundo’ (1955). Para entonces, Disney había creado una escuela de formación de artistas de donde saldrían los animadores más importantes del siglo XX, una escuela pionera en la utilización de numerosas innovaciones técnicas en el cine de animación, como el sonido, el color o la cámara multiplano. En el plazo de unos doce años -entre 1928 y 1940-, los estudios Disney habían logrado convertir los antes menospreciados dibujos animados en un sofisticado medio de expresión artística capaz de competir con cualquier género cinematográfico.
La década de los cincuenta es conocida como la edad de oro de la animación estadounidense en la que Disney rivalizaba con otros estudios como Warner Bros. o Metro-Goldwing Mayer. De esta época resultaron los diseños definitivos de los iconos de Disney que ahora iban acompañados de sus novias Minnie y Daisy y joyas como ‘Alicia en el país de las maravillas’ (1951), ‘Peter Pan‘ (1953) o ‘La bella durmiente’ (1959). Pero estos personajes debían competir con creaciones de otras compañías como Tom & Jerry (1940) o la más que competitiva serie Looney Tunes (1930-1969), una disputa por la audiencia que continúa hasta el día de hoy.
Walt Disney murió en el año 1966 dejando un legado imperecedero de ideas y técnicas de animación revolucionarias que el estudio continuó desarrollando en los años posteriores. ‘101 Dálmatas’ (1961), ‘El mago Merlín’ (1963) y ‘El libro de la selva’ (1967) continuaron la senda de éxitos mientras la compañía intentaba reinventarse con películas que mezclaban animación e imagen real como ‘Mary Poppins’ (1964) o ‘La bruja novata’ (1971). Pero tanto la calidad de las producciones como la calidez y originalidad de los primeros personajes fue disminuyendo con el paso de los años hasta entrar en una profunda crisis creativa y financiera que se alargó varias décadas.
Los setenta se consideraron el principio del declive, aunque ‘Los Aristogatros’ (1970), ‘Robin Hood’ (1973) o ‘Las aventuras de Winnie the Pooh’ (1977) sean hoy recordados como clásicos. Sin un rumbo fijo y bajo una dirección desconectada de la audiencia, la década de los ochenta fue la del desconcierto en el gran estudio. ‘Los Rescatadores’ (1977), ‘Basil, el ratón superdetective’ (1986) u ‘Oliver y su pandilla’ (1988) pueden evocar nostalgia y simpatía en algunas generaciones pero lo cierto es que casi acaban con la compañía. Los nuevos estrenos evidenciaban la falta de ideas y la dirección no conectaba con el nuevo público nacido ya al amparo de la televisión. De modo que Disney comenzó a producir series de animación en las que repescaba personajes secundarios como el tío Gilito o las ardillas Chip y Chop. Este giro de timón resultó un acierto y series como ‘Los Osos Gummi’ (1985), ‘Patoaventuras’ (1987) o ‘Guardianes rescatadores’ (1989) reflotaron los estudios y le reportaron grandes beneficios ante una crisis que le habría llevado a la quiebra.
Fue ‘La sirenita’ (1989) la que le mostró el camino para que en la década de los noventa, Disney volviera a ser la gran fábrica de sueños que había sido, logrando una segunda y renovada edad de oro con títulos como ‘La Bella y la Bestia’ (1991), ‘Aladdin’ (1992) y ‘El rey león’ (1994), películas que devolvían a los estudios Disney su posición hegemónica en el cine de animación. Esta nueva etapa continuó lanzando originales historias como ‘Pocahontas’ (1995), ‘El Jorobado de Notre-Dame’ (1996), ‘Hércules’ (1997), ‘Mulan’ (1998) y ‘Tarzán’ (1999) sin olvidar el formato televisivo de las series, que contaban ya con canales propios.
El nuevo milenio y la revolución digital llegaron a la animación de la mano de Pixar. El mini estudio de John Lasseter se dio a conocer con ‘Toy Story’ (1995), el primer largometraje hecho por ordenador. En 2006 se fusiona oficialmente con Disney y de esta unión saldrían los grandes trabajos como ‘Bichos’ (1998), ‘Monstruos S.A.’ (2001) y sobretodo, ‘Buscando a Nemo’ (2003). Desde entonces las opiniones de Lasseter son primordiales para la compañía y sus largometrajes han posicionado a los estudios Disney, de nuevo, en la vanguardia de la animación. Las siguientes películas evidencian que la digitalización es el futuro de la compañía y los continuos avances en el mundo de la animación se evidencian en los nuevos títulos como ‘Los Increíbles’ (2004), ‘Ratatouille’ (2007), ‘Frozen’ (2013) o ‘Vaiana’ (2016), sin dejar totalmente de lado la producción en dos dimensiones con ‘Lilo & Stich’ (2002), ‘Hermano Oso’ (2003) y ‘Tiana y el sapo’ (2009).
Actualmente, la compañía Disney es la mayor empresa de animación del mundo y una de las fábricas de sueños más importantes de la historia de cine, pero como recuerda Walt Disney ‘…todo empezó con un ratón’.